Aterrizaje forzoso
La infancia es como una de esas cintas transportadoras de los aeropuertos, donde todo lo que tienes que hacer es dejarte llevar. Te cuida mamá, vas al jardín y después al colegio. Hasta que te bajas de la cinta y sigues la flecha que dice PSU.
Aunque hace rato estabas esperando llegar a la salida, el cartelito de “Exit” se empieza a ver terrorífico. Porque ahora vas a estar afuera. Y vas a estar solo. Lo único que tienes es una maleta llena de las cosas, que se supone, te van servir para más adelante. Aunque no sabes muy bien qué es ese “adelante” ni si lo que tienes en tu maleta te servirá para llegar.
Entonces llega el miedo. Porque ya estás absolutamente afuera de la cinta transportadora y tienes que decidir a dónde ir, parado en el caos de la calle, con una maleta que te preparó tu mamá. Y en la maleta hay un traje de baño mientras afuera está lloviendo. Taxis por todos lados, autos para arrendar, parada de buses. Y tantos destinos como personas. Te desesperas, porque sientes que todos saben exactamente dónde quieren ir menos tú. Crecer es decidir qué flechas vas a empezar a seguir.
"Harry Potter y el cáliz de fuego" es una foto sacada a la salida de ese aeropuerto: un chico que crece, un mago con anteojos, desorientado y muerto de susto de tener que avanzar. Pero la foto salió corrida. Mike Newell, el director, salta muy rápido de los píxeles de los efectos especiales a las caras de los personajes, y de vuelta. Parece que los metros de celuloide se hicieron pocos para todas las páginas del libro. Vemos, pero no sentimos, como crece Harry.
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